domingo, 20 de enero de 2013

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La belleza asimétrica de Midori se reflejaba en el anverso de la cucharilla mientras removía su café, doble de leche y con tres azucarillos, todo lo contrario a él, que lo bebía solo, negro y puro. Lo tomaba así a diario desde hacía años, y ese insignificante ritual que repetía todas las mañanas le hacía sentirse confiado y seguro. Lo veía como la evidencia certera de que podía lidiar con todo lo amargo del mundo, sin la vana necesidad de suavizar las cosas, de alterar su esencia para hacerlas más soportables. 
Llevaban un rato mirándose en silencio. Pero no era uno de esos silencios incómodos que se producen cuando la gente se ve en la obligación de encontrar las palabras adecuadas para impresionar al otro. No, esa fase ya la habían pasado. En su lugar, sus encuentros se veían colmados por ese tipo de silencios con un alto valor hedónico, que aparecen de forma espontánea cuando se tiene la suficiente confianza como para disfrutar de la compañía mutua sin tener que abrir la boca más que para dar lentos sorbos de café. Cuando la comunicación se eleva a otro nivel más instintivo y visceral, donde las palabras se hacen innecesarias.
Durante las últimas semanas, sus encuentros habían seguido todos un patrón bastante similar, donde sonrisas lánguidas y tenues miradas cubrían el espacio vacío creado por la ausencia de palabras. Hacía tiempo que los dos sabían lo que pensaba el otro. Y no solo eso, sino que además los dos sabían que el otro lo sabía. Sin embargo, ninguno se atrevía a transportar sus sensaciones al canal verbal. Tenían miedo de que entonces, en medio de ese torbellino de términos inexactos, alguno agotara su léxico afectivo, y entonces surgiera de la nada uno de esos silencios incómodos que tanto temían. Era su forma, genuina y legítima, de evitar equivocarse a causa de impulsos imprudentes, de mantenerse en un limbo emocional en el que nada importaba, porque nada existía. Las cosas se vuelven reales cuando se dicen en voz alta, y ese era un precio que ninguno estaba dispuesto a pagar.

2 comentarios:

Bichu dijo...

Que bien escribes cuando quieres escribir (y publicar)

Piña dijo...

Fan <3