jueves, 2 de junio de 2011

Ella

Cuando pisas esta ciudad de nuevo, enseguida te das cuenta de que su esencia sigue todavía impregnada en cada recodo, en cada resquicio, a cada vuelta de la esquina. Aunque probablemente es algo que solo perciban aquellos que tuvieron la suerte de conocerla. Porque ella no pasó mucho tiempo aquí, pero supo hacer de él eternidades. Supo convertir su efímera presencia en un huracán arrasador, que no dejó títere con cabeza, ni corazón con latido. Ella, que con sus gafas oscuras y sus camisetas de Andy Warhol se convertía a diario en la psique nocturna de la ciudad, que recorría sin piedad bares y clubes, haciendo de su presencia algo necesario más que apetecible. Ella, que amanecía apurando con el dedo su última bolsita de polvos mágicos, porque su resistencia al café era, sencillamente, exagerada. Ella, que cada vez que tenía que tomar una decisión importante volvía a visionar Transpotting, pese a saberse diálogos de memoria. Ella, que conocía al dedillo más de seis marcas distintas de scotch, porque ella disfrutaba bebiéndolo, no como todo aquel rebaño que lo hacía solo para emborracharse. Ella, que brillaba sin ser brillante y destacaba siendo pequeña. A ella suena esta ciudad, a ella huele esta ciudad y a ella sabe. Esta ciudad que nunca se recuperó de ella, que nunca volvió a ser la misma ni nunca lo volverá a ser. Esta ciudad que comulga en silencio con la sospecha de haber vivido algo histórico e irrepetible, de haber sido testigo de cómo todos la conocimos, y de cómo la perdimos. Porque ella, en un arrebato de lucidez, decidió finalmente vivir. Decidió irse y vivir. Y nosotros, confusos, terminamos por irnos también, porque ya nada nos ataba, porque ya todo había terminado. Pero aún ahora, en todos nosotros reina la sombra de lo que un día fue, del saber que una vez pertenecimos a esta ciudad. Que ella era esta ciudad.

Y toda la gente que vino después, que tuvieron la mala fortuna de llegar tarde a la fiesta, viven con la sensación de que algo habita en estas calles, una presencia etérea que no pueden precisar. Y la energía gastada en descifrar lo indescifrable les consume, y acabará llevándoles al hastío, porque aunque llegasen a descubrirlo, nunca podrían conocerla.


Porque ella ya no está.


1 comentario:

El Escritor dijo...

que fantastico...nada más.

Salud.