sábado, 21 de mayo de 2011

#spanishrevolution

A principios de año, me vino a la cabeza una idea para escribir un texto. Iba a ser un texto de crítica social, inspirado en un lema leído en alguna parte que decía No time for heroes. En él, pensaba hablar de la apatía y el conformismo que inundaban nuestras vidas, ya sea en España como en otros países del primer mundo. Somos la generación que lo tenemos todo: tenemos derechos fundamentales, tenemos un amplio rango de libertades, tenemos un iPod, tenemos una beca erasmus... En definitiva, tenemos una vida altamente satisfactoria. Y esto gracias a que en otros tiempos, otros fueros héroes, y lo fueron por nosotros, ya que lamentablemente, muchos de esos héroes nunca llegaron a disfrutar de sus propios logros. Sin embargo nosotros no tenemos de qué quejarnos, por qué luchar. El planteamiento es sencillo: somos felices, ¿qué vamos a reivindicar? Pero claro, ocurre que a menudo sí qué suceden cosas de las que quejarse (demasiado a menudo, quizás), pero que nunca encontramos el momento para prestarles suficiente atención, para percatarnos de su importancia. Y nos dejamos llevar, cambiando nuestra foto principal del Facebook. En ese texto, pensaba criticar nuestra apatía ante todas las injusticias que nos rodean, porque la realidad es esta: SIEMPRE va a haber algo que está funcionando muy injustamente, y SIEMPRE va a haber algo que se pueda hacer para cambiarlo. Pero nunca es fácil darse cuenta de ello cuando no te atañe personalmente. Y es comprensible.

Pero nunca llegué a escribirlo. Y ahora me alegro, porque claro, habría tenido que retractarme de mis palabras. Y es que solo cuatro meses después, la sociedad española ha decidido que no quiere seguir viviendo sumida en el conformismo, pasando la mano una y otra vez sobre todas las injusticias que nos rodean - lamentablemente, me incluyo - y ha despertado -aquí también me incluyo, pero no lamentablemente. Y ha despertado de la forma más atronadora en que podía hacerlo: tomando las calles, las plazas, y gritando con rabia por sus derechos. Y claro, eso no ha gustado. Porque la sociedad es más fácil de controlar si se está calladita y en casa. Porque una revuelta de este tipo puede tener mayor repercusión internacional de la deseada, y eso tampoco gusta. Porque en el momento en el que se compara Sol con Tahrir, hay motivos para que la clase política tiemble. Y según se han intentado ahogar los gritos de justicia, más grandes y más fuertes se han hecho estos. Y ahora su eco viaja hacia fuera, y reverbera en París, Londres, Praga, y reverbera en Bruselas. Y desde el extranjero, no se me ocurre otra cosa que apoyar a toda esa gente que lleva tantos días acampada en Sol, a toda esa gente que está clamando por una sociedad justa, a toda esa gente que está despertando, que está queriendo ver y que se está quejando. A toda esa gente que está llevando su voz al cielo, que está haciendo que sus proclamas sean escuchadas en todas partes.


España ha demostrado mucho estos días. Y que así siga.
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