domingo, 20 de marzo de 2011

Hacía tiempo que no la veía, pero el otro día volví a encontrarme con ella. Cuando salí de una de mis clases estaba allí, esperándome junto a la puerta, con su sonrisa ingenua y su mirada de "vamos a robar un banco y huir del país"


- ¿Qué tal?
- He estado ocupada.


Y no dijimos más al respecto, porque con ella las explicaciones siempre esconden la cabeza en pos del misterio, es así como le gusta jugar. Anduvimos un poco para acabar como siempre en la cafetería de la esquina. Pedimos un café y, después de un rato hablando de trivialidades, puse sobre la mesa las ideas que me estaban carcomiendo en esos momentos. 


- Déjate de comeduras de tarro y sé tú mismo.
- Que sea yo mismo... ¿Qué coño significa ser uno mismo? ¿Significa ser cómo yo creo que soy? Porque muchas veces, la imagen que tenemos de uno mismo no se corresponde con la realidad.
- Tú mismo lo has dicho. Muchas veces nos engañamos sin saberlo. Por eso no tienes que intentar ajustarte a ningún patrón predefinido que tengas sobre ti. Solo... sé de la forma que sientes. Haz caso a tus instintos. 
- Si me comportara de la forma que siento en cada momento probablemente acabaría matando a alguien.
- ¿Tanta rabia tienes en tu interior? 
- No, pero todos hemos tenido ideas asesinas alguna vez, ¿no? Dime que no soy un psicópata.
- No, tranquilo, yo también tengo deseos de matar de vez en cuando. 
- Espero entonces que seas una hipócrita y que no te comportes de la forma que sientes, como me estás sugiriendo a mí que haga, y que no vayas por ahí aniquilando enemigos. 
- No, pero, no...
- El mundo tiene que regirse por algunas normas, ¿no crees? El libre albedrío tiene sus límites. Tú tienes derecho a defender tu propia ética, pero nunca más allá de la legalidad. 
- Las leyes a veces son estúpidas.
- Te estás saliendo del tema.
- Lo que quiero decir, es que a veces se nos instiga a mantenernos dentro de unos papeles establecidos, dentro de unos roles o dentro de unas normas no escritas - llámalas como quieras - que muchas veces resultan ser absurdas. Claro que no puedes saltarte la ley a la torera, no me refería a eso. Me refería a cosas como que un trabajador público no pueda llevar piercings, o que poner los codos sobre la mesa sea de mala educación. Esas reglas impuestas por la sociedad son un truño enorme. A eso me refería. A que si quieres poner los codos sobre la mesa los pongas, y si a alguien le molesta, que se queje. El límite está siempre en el respeto por los demás, pero tienes que buscar la flexibilidad. Las normas siempre pueden ser cuestionadas.
- Ya... por eso no puedo quejarme de que hayas estado casi un mes sin dar señales de vida, ¿no?
- Exacto. - y mientras decía esto, se levantó de la mesa y añadió - Voy al baño.


Y tras diez minutos de espera, me enteré de que en vez de ir al baño, había pagado los dos cafés y se había largado de allí. Era su jodida forma de tener siempre la última palabra. Y en esos términos quedaríamos hasta que le diera por aparecer de nuevo.

5 comentarios:

S dijo...

Aunque suene un tanto raro, a veces vendría bien que hubiese una lista de personas dispuestas a querer. Chicos -y chicas- como él tendrían entonces las agallas de, antes de que ella se largase la próxima vez, dejar el dinero del café en la mesa y marcharse.

Alondra Saint dijo...

Yo digo lo mismo que mi compi Sandra, yo quiero que deberiamos inventar un club de personas que quieren querer. y quieren encontrar gente que las quieran.
por otra parte, tu amiga no me inspira ningún antojo de amistad, yo no soy de dejar las conversaciones a medias y mucho menos a personas esperando en una mesa vacía.

(: dijo...

Me encanto:) te sigo

Lupe dijo...

acho tú qué te pasa, escribe!

Lupe dijo...

jajaja soy ce, lupe se dejó su cuenta abierta y ahora no sé cómo meterme en la mía xD