miércoles, 22 de diciembre de 2010

Evolver

-          Sin embargo, a medida que asistía a los juicios e iba observando diferentes casos, empecé a sentir un extraño interés por los casos que se juzgaban y por las personas involucradas en ellos. Era como si, poco a poco, hubiera dejado de verlos como algo ajeno. Una cosa muy rara. Porque aquellos sujetos, desde cualquier punto de vista, pertenecían a un tipo de personas muy diferente al mío. Vivían en un mundo distinto, pensaban de una forma distinta, actuaban de manera distinta. Un grueso y alto muro se levantaba entre su mundo y el mío. Al menos eso pensaba yo al principio. Porque, vamos, yo no me puedo imaginar a mí mismo cometiendo un crimen atroz. Soy pacifista, tengo un carácter afable, nunca en la vida, ni siquiera de pequeño, le he alzado la mano a nadie. Justamente por eso podía ver el juicio desde la barrera, como un mero espectador. Como algo totalmente ajeno.

     Alza la cabeza, mira a Mari. Busca las palabras.

-          Sin embargo, en el Palacio de Justicia, conforme iba escuchando los testimonios de los testigos, las exposiciones del fiscal, los alegatos de los abogados defensores y las declaraciones de los acusados, iba perdiendo la confianza en mí mismo. Y empecé a pensar de la siguiente forma. Que es posible que no exista un muro que separe ambos mundos. Y que, en caso de que exista, quizás solo sea un endeble tabique de cartón. Y que, en el instante en que te apoyes casualmente en él, puede que se hunda y te caigas al otro lado. O quizás es que el otro lado ya se ha introducido a hurtadillas en nuestro interior, aunque nosotros no seamos conscientes de ello. Esta es la sensación que empecé a tener. Aunque resulta muy difícil traducirla en palabras.

Haruki Murakami – After Dark

Creo que ya he hablado alguna de vez esto por aquí. Está demostrado que cualquiera podría comportarse de forma atroz, si las circunstancias inducen a ello. Ya que, por mucho que parte de nuestra personalidad venga determinada genéticamente, ninguno de nosotros estamos definidos de entrada en términos de blanco y negro. Si no que estamos compuestos por una amplia gama de pigmentos, que al contacto con el entorno se mezclan entre sí, provocando distintas reacciones según la circunstancia.

Y eso me lleva, no sé si acertadamente o no, a una conversación mantenida hace poco sobre cómo la gente cambia, y sobre cómo nos gustaría que volvieran a ser ellos mismos. Pero es que si una persona lleva tres, cuatro, cinco años, inmersa en su nueva personalidad, ¿qué nos hace pensar que no es esa su actitud auténtica? ¿la que de verdad le hace sentirse cómodo? Asumimos de forma tajante que la persona es, y debe ser, de la forma que era en el momento de conocerla nosotros. Pero eso, con bastante frecuencia, tiende a no ser así. Las personas pasan por ciclos y etapas que las modifican, las moldean. En definitiva, las cambian. Constantemente. Si una persona ha dejado de gustarte debido a su nueva actitud, o a su nuevo modelo de vida, seguramente no debamos quejarnos y sentarnos a esperar a que vuelva a ser como era antes. Lo que deberíamos hacer es, en mi opinión, dejarla marchar, y buscar otra persona que nos guste más. Porque, queramos o no, las personas, incluidas las más cercanas, van y vienen a lo largo de la vida. Eso es así. Y en nuestra mano está querer aceptarlo o no.


3 comentarios:

Cuentasueños dijo...

Esta vez me he portado bien con tu puntuación (No he pasado el ratón por la primera estrella para no sentir la tentación jijiji)

Y es que estoy taaan de acuerdo contigo..

Hugo Nakamura dijo...

Yo que me esperaba otro horroroso... de hecho en la última me voté a mí mismo como horroroso xD

Ce_nizas en el aire dijo...

La gente cambia, pero hay dos formas de cambiar muy diferentes. Una evolucionar, y otra es venderte.

Que no escuches John Legeeeeeeend!! xD