miércoles, 23 de junio de 2010

Invisible

Éramos jóvenes y, en cierto modo, aún bastante ingenuos. Nuestra personalidad arrolladora sesgaba nuestras percepciones hacia el positivismo, de forma que lo malo de este mundo era invisible a nuestros ojos. No obstante, nos deprimíamos con frecuencia, claro, pero solo porque de algo había que quejarse, y porque en el fondo nos gustaba ese estado de ánimo desesperado, durante el que pensábamos que todo estaba en nuestra contra, ya que esto reforzaba nuestra teoría de que éramos el centro del universo.

La vida era para nosotros un pasatiempo que sabíamos resolver, con el que presumíamos de ser independientes, ciudadanos del mundo, pero desligados de él; con ansias de absorber todo lo bello, pero sin sentirlo nuestro. Nos gustaba vernos como extraños hasta en nuestra propia casa. No creíamos en la familia. Por supuesto tampoco en la iglesia ni en la patria y, si me apuras, a veces no creíamos ni en los amigos. No pertenecíamos a ningún club de antiguos alumnos, ninguna asociación literaria, ningún club de fans. Nada de ataduras. El matrimonio era por tanto la mayor aberración que el hombre había creado, y los hijos, simples parásitos que amenazaban con recortar nuestra libertad de apariencia infinita. No, nosotros éramos almas libres, trashumantes de la era moderna. No teníamos un trabajo fijo, claro. En cambio, colaborábamos aquí y allá, recibiendo algún elogio ocasional, que por supuesto pasaba por nuestros oídos sin alcanzar nuestro cerebro, ya que no pensábamos que nadie fuera capaz de apreciar algo de lo que hacíamos. Naufragábamos en una existencia vacía, pero era preferible eso a buscar refugio en alguna isla desierta, porque eso sería una atadura, un peso que nos haría incómodo nuestro viaje a ninguna parte. Porque era ahí a donde íbamos, a todos sitios y a ninguno a la vez.

Un día, una cara apagada llamó mi atención, reflejada en la ventanilla del avión. Mi cara. El hecho de dudar sobre mi identidad me sobrecogió. Pero este sentimiento de incertidumbre llegó a aterrarme cuando mi cerebro siguió haciéndome preguntas que no era capaz de contestar. No recordaba mi edad, no recordaba a dónde estaba volando, ni dónde había cogido aquel vuelo. Me costaba recordar dónde había nacido. No recordaba a mi madre, ni siquiera sabía si seguía viva. No recordaba de dónde era la que había sido mi pareja durante los últimos tres años, ni dónde nos habíamos conocido. No recordaba a qué se dedicaba, ni tampoco a qué me dedicaba yo. A nada, quizás. No recordaba qué contenía mi maleta. De hecho, ni siquieta estaba seguro de haber facturado una. Pensé en el mundo: ¿en qué año estábamos? ¿quién era el presidente de los Estados Unidos? Le pregunté a una azafata que en ese momento cruzaba el pasillo empujando el carrito de las bebidas. La chica volvió la cabeza hacia dónde yo estaba, con un gesto de incomprensión en el rostro, pero no pareció oír mi voz, ni advertir siquiera mi presencia. Tras un momento de duda, volvió a girarse y continuó avanzando detrás del carrito. Entonces me di cuenta.

Me había ausentado demasado: del tiempo, del espacio, de la gente. Había intentado con tanto ahínco vivir mi vida sin depender de nadie, ser independiente, impredecible, que había terminado por perderme dentro de mí mismo. Había querido con tanta fuerza estar a otro nivel que el resto del mundo, levantar una barrera sólida entre ellos y yo, que había terminado por conseguirlo. Lo había logrado. Y ahora no era más que un fantasma, una sombra, algo etéreo. Simplemente había dejado de existir.

3 comentarios:

Cuentacuentos dijo...

¿Esto es tuyo o del libro ese de modernitos guays que te estás leyendo?

Si es tuyo, enhorabuena, y si es del libro, prestamelo cuando acabes quieres? jajaja

Me identifico (imagino que tú también de alguna forma), pero no en todo. Yo si pertenezco a clubs, grupos y asociaciones. Ayer mismamente me uní a la última: Señoras que venden plutonio en la farmacia de la esquina.

:D

PatriX dijo...

Qué letra más chiquitilla...me quieres dejar ciega!

Aquamarino dijo...

Es lo mejor que has escrito.