viernes, 7 de mayo de 2010

Fotograma


Parecía que estábamos solos. Aquel momento, tú y yo frente a frente, sosteniendo la mirada, el otoño envolviéndonos. Hojas doradas corrían entre tus pies, entre los míos, riendo, brillando, irónicas. 
El silencio acariciaba cada segundo, haciendo de un instante la más larga agonía que un ser humano pueda soportar. La cámara giraba a nuestro alrededor, veloz; tu espalda, la mía, tu espalda, la mía, tu espalda... 
Pero tus ojos seguían clavados en los míos, y en cada giro podía ver brillar ese fulgor contenido en ellos, latente, furioso, abanderando un rostro inexpresivo, muerto. Hablar no fue necesario, nunca lo fue. Para algo Dios te bendijo con el don de leer las miradas, de entenderlas, de adivinarlas. Comprensión súbita de un momento roto, y, entonces, el alma a los pies, para nunca más regresar, perdida para siempre en el mundo de las ánimas.

- ¡Corten!

3 comentarios:

Piña dijo...

Y tu os habeis copiado el blog mutuamente jajaj
Muy potito, leer miradas siempre es un plus como mínimo interesante :)

Piña dijo...

Primera palabra perdida de mi comentario: Alba

Cuentacuentos dijo...

Se ha copiado él, en realidad. Yo lo puse anoche.

Espaldas :D