miércoles, 12 de mayo de 2010

Ensayo sobre la adultez

¿Sabéis eso de que cuánto menos tiempo tienes más cosas quieres hacer? Yo de hecho, cuanto menos tiempo tengo, más cosas hago. La época de exámenes suele ser la más productiva del año, por eso de que empleo mis ratos libres en curiosear y divagar. Y hablando de divagar, como de costumbre, mantengo conversaciones filosóficas conmigo mismo cuando voy a la biblioteca. Recientemente, estuve pensando en eso que llamamos "edad adulta".


Ya sea entendida esta desde un punto de vista cronológico (18 años) como psicológico (maduración personal), lo que queda claro es que en la edad adulta somos eso, adultos, y como tales, serios y responsables. Pero creo que hay ciertas matizaciones que deberían ser reveladas para un amplio sector de la sociedad. Estoy de acuerdo en que a medida que nos hacemos mayores, vamos adquiriendo una serie de responsabilidades que tenemos que tener en cuenta: compromisos, obligaciones, etc. Pero creo que deberíamos introducir un ápice de flexibilidad que controlara todo eso. Empiezo a notar como la gente que me rodea se hace adulta, y con esto, quiero decir que desaparece su tiempo libre, desaparecen sus locuras, se apagan sus sonrisas. ¿Por qué se tiende a igualar los conceptos adulto y serio? Ser responsable no implica ser serio. ¿Cuántas veces hemos visto a un adulto al que no se toma en serio porque es una persona bromista y divertida? Me doy cuenta de que hay una cantidad ingente de personas que cuánto más mayores son, más sentido del ridículo tienen. ¿Es eso crecer, madurar? Porque yo creo que no. Perder el sentido del ridículo lo considero desarrollo. Reencontrarlo lo considero retroceso. Entonces, ¿por qué tantas personas pronuncian frases del tipo "uy, no, eso me da vergüenza" "que ya tenemos una edad..." "¿qué pensarán en la oficina de mí"?


Nos pasamos toda nuestra infancia y adolescencia esperando a alcanzar nuestra mayoría de edad, porque se supone que a partir de ese punto tendremos plena libertad de elección. Y sin embargo, cuando por fin somos mayores, empezamos a tachar de la lista un montón de cosas que ya no podemos hacer porque no tenemos edad. Entonces, ¿para qué hemos esperado tanto? ¿no habría sido mejor seguir siendo menores de edad? No nos damos cuenta de que las barreras nos las ponemos nosotros mismos. Entre todos, hacemos del mundo una profecía autocumplida en la que interpretamos el papel de adultos, muchas veces sin sentirlo. Matamos a sangre fría al niño que llevamos dentro, y no pagamos por ello. No creo que debamos ser como le Petit Prince, porque obviamente, ninguno vivimos del aire como él. Pero obviamente tampoco como el aviador al comienzo de la historia, cuyo niño interior estaba, como menos, criogenizado. Deberíamos reevaluarnos a nosotros mismos, y acercarnos un poco más a ese aviador del final del cuento, para poder saltar por la calle, para poder cantar en público, para poder gritar, para poder vestir de forma excéntrica, para poder decir que estamos enfermos y escaparnos a otra parte del mundo, para seguir viendo un elefante dentro de una serpiente, para poder, en definitiva, seguir sintiéndonos niños.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Está claro que tenemos una extraña fijación con la palabra "pene" jajaja

si te sirve de consuelo, yo sigo cantando por la calle y haciendo el ridículo sin que me importe lo más mínimo el resto de la gente, y lo bien que se vive asi...jajaja

fdo: U del club paUcense

Izurea dijo...

Tranquilo, te perdono XD