jueves, 21 de enero de 2010

Aplicando conceptos.

El fiscal acusador, Snyder, llegó temprano esa mañana a los juzgados. Tenía la intención de tomarse un café antes del juicio y reflexionar un poco sobre el caso. Contaban con pocas pruebas concluyentes y tendría que planificar bien su estrategia de ataque, pero lo veía muy difícil dadas las circunstancias. Al subir las escaleras se cruzó con un grupo de jóvenes afroamericanos que comentaban la conducta de alguien:

- Ese tío lo que es, es un racista y un déspota. La gente así debería pasar la vida entre rejas. No sé como se puede tener ese desprecio hacia otro ser humano y tener la conciencia tan aparentemente tranquila. Encima es super frío y calculador, normal, con los listo que es el cabrón...
- Vaya escoria de mierda. Normal que hasta el psiquiatra le largara... menudo psicópata.

Las palabras estuvieron retumbando sin cesar en la cabeza del fiscal, mientras con la cucharilla revolvía su café manchado. No les estaba prestando atención, ni pensaba en ellas conscientemente, pero estaban ahí.

Una hora más tarde, el juez llamaba a declarar al acusado. Era el turno de Snyder para hacer las preguntas.

- Señor Gray, volveré a hacerle la misma pregunta de ayer. ¿Que hizo usted la noche del 23 de octubre?
- No lo recuerdo, estaba borracho. Sé que cené con mi madre y con Awa, y que después bebimos tequila. No recuerdo más, supongo que me fui a dormir.
- Ya... ¿se da cuenta de que ni siquiera tiene una cohartada para los asesinatos?
- Yo no los maté. Joder, ¡era mi madre!
- No recuerda lo que hizo pero asegura no haberlos asesinado.
- Sí, de eso estoy seguro, lo recordaría por muy borracho que estuviera.
- Y supongo que sigue sin haber nadie que pueda corroborar su teoría de que "dormía".
- No, que yo sepa. Cuando desperté los encontré muertos en el sofá.
- ¿Se considera inteligente?
- Eh... sí, no puedo quejarme de mi nivel intelectual, ¿Qué tiene eso que ver?
- La persona que les mató... tenía que tener mucha astucia para no dejar rastro del veneno utilizado, ni una pista de donde lo adquirió... nada. Hasta podría haberlo fabricado él mismo. ¿Se condiera usted así de inteligente?
- Yo... eh bueno, no sé, pero eso no prueba nada.
- No, claro que no. Sabe que encontramos huellas de usted en sus cuerpos, así como en los platos y vasos, ¿no?
- Por supuesto, vivía con ellos, y la cena la hice yo ese día.
- ¿Y no es cierto que mantenía relaciones tensas con Awa, la pareja de su madre? ¿Algo que ver con sus orígenes africanos?
- ¿Qué? Nada que ver. Sí es cierto que tuve algún roce con él, pero por supuesto nada que ver con sus orígenes... ¡Pero si ni siquiera es negro! Solo fue adoptado por una pareja de afroamericanos...
- Comprendo. ¿Y no es cierto que estuvo usted yengo al psiquiatra?
- Si, durante cuatro meses.
- ¿Por qué?
- No controlaba mis nervios, tenía ansiedad.
- ¿Diría usted que podría llegar a perder el control de sus actos?
- ¿Qué? No... bueno, al menos... no, no creo que llegase a ese extremo.
- Sin embargo, no está seguro.
- No, bueno, yo...
- ¿Tiene usted muchos amigos?
- ¿Yo? Pues, eh... no, no muchos, pero no se qué...
- ¿Por qué? ¿Acaso debido a su carácter antisocial?

- Protesto Señoría.
- Se acepta.

Jay Rightman, el abogado defensor de Gray, pensaba que había llegado el momento de empezar a plantar cara a la falta de evidencias, y a la trampa inconsciente.

- No se están aportando evidencias reales. Son todo conjeturas. Además, quisiera hacer una pregunta al fiscal Snyder.
- Adelante.
- ¿A qué hora ha llegado usted hoy a los juzgados?
- A las ocho, una hora antes de que empezase el juicio. ¿Qué tiene eso que ver?
- ¿No es cierto que se ha cruzado con un grupo de jóvenes al entrar?
- Sí.
- ¿Reconoce usted, entre los presentes, a alguno de esos jóvenes?
- Eh... sí, ese chico de allí era uno de ellos.
- ¿Éste?
- Sí.
- ¿Cómo te llamas?
- Aminata.
- Bien, Aminata, ¿tienes alguna relación con el caso? ¿O bien está aquí por simple curiosidad?
- Tengo relación con el caso. Awa era mi primo, mi padre y su madre son hermanos.

Rightman decidió probar suerte.

- Señoría, solicito el aplazamiento del juicio hasta mañana por la mañana.
- ¿Por qué?
- Necesito reunir una serie de evidencias que presentaré mañana, si me lo permite.
- Está bien, el juicio queda aplazado hasta mañana a las nueve. Se levanta la sesión.



Al día siguiente, Snyder volvió a llegar una hora antes de lo previsto. Se preguntaba que se traería Rightman entre manos. Subió las escaleras despacio.

- ¿Habéis visto lo que ha hecho? Aparte de los dos centros para niños con problemas de integración social que montó, ha sido capaz de defender casi con su vida a dos de los chicos, que habían sido asaltados por la calle. Ese sí que tiene coraje y un corazón como un camión. Ojalá hubiera gente así, tolerante, humilde, sensata...
- Como admiro a ese tío... si todos fueran como él... el mundo sería un lugar mejor.

2 comentarios:

Piña dijo...

Café manchado :D

El resto sé que tiene algún tipo de guiño hacia los de tu gremio. Gremio que, no me cansaré de decir, odio profundamente. Dejad de rodearme malditos bastardos ¬¬

Cuentacuentos dijo...

Tengo miedo porque no me he estudiado el prejuicio. Porque eso es del prejuicio, no? xD

Me gusta mucho :D