martes, 11 de noviembre de 2008

Aleccionando

A veces entramos a una tienda y vemos algo que nos gusta, pero que no solemos llevar. Nos pica la curiosidad sobre como sentaría, pero no te atreves a comprarlo. Lo piensas varias veces, lo asimilas, y lo ves allí en el escaparate, decidiendo si comprarlo o no. Al final te ilusionas y te decides, pero entonces te das cuenta de que ya alguien lo compró antes. O lo que es peor, alguien lo reservó. De la primera forma el disgusto pasa antes (ya se sabe; ojos que no ven...) Pero lo segundo es peor, porque lo ves y sabes que no lo podrás adquirir, a menos que el comprador en potencia se arrepienta y no lo llegue a comprar. Por lo que en este segundo caso cabría albergar una esperanza. Así que te quedan dos opciones: olvidarte del objeto, que al fin y al cabo tampoco llegó a ser tan importante; o esperar, incluso luchar con el vendedor, para que te lo acabe vendiendo a ti.

El problema es cuando en vez de objetos se trata de personas.

1 comentario:

albita265 dijo...

muy bonito y muy cierto...

no hace falta que te invite a comer a mi casa, sabes que puedes venir cuando quieras ;)

gracias por los comments (volvi a renovar jajaja)